GTPE Picos de Europa

🔥 Hermos@s mi@s, lo que se ha vivido este fin de semana en Onís (Asturias) es de otra galaxia. El GTPE Picos de Europa, la prueba reina del trail, esa que separa a los valientes de los que solo sueñan con serlo. Este año, el calor no dio tregua y convirtió la montaña en un auténtico infierno. Decir que fue “dura” es quedarse muy, muy corto.

Allí estaban nuestros dos titanes: la Potrilla y el Metralleta. Ella, enfrentándose a 47 km y 2.500 metros de desnivel positivo. Él, a 33 km y 2.200 metros de puro sufrimiento y gloria. Dos distancias, dos retos, una misma pasión y una sola meta: superarse.

La salida ya era un aviso de lo que venía: humedad pegajosa, nervios a flor de piel y ese silencio de respeto antes de la batalla. Pero pronto el sol salió a reinar, y lo que era duro, se volvió épico. Cada subida era un desafío, cada bajada una prueba de fe. Los compañeros cuentan que, según avanzabas, veías a corredores mareados, vomitando, luchando por no rendirse. La Guardia Civil, auténticos héroes, tuvo que intervenir una y otra vez para auxiliar y retirar a quienes no podían más. El GTPE no perdona, y este año menos que nunca.

Pero si algo tienen nuestros campeones es cabeza fría y corazón ardiente. Sabían que la clave era resistir, regular, hidratarse y, sobre todo, no perder la sonrisa. Porque en medio del sufrimiento, también hay espacio para las risas, los ánimos y ese “¡vamos!” que te levanta cuando las piernas flaquean.

Y así, paso a paso, kilómetro a kilómetro, fueron conquistando la montaña. Cuando parecía imposible, cuando el cuerpo gritaba basta, la mente y el corazón tiraron de ellos hasta la meta. Y no solo llegaron, sino que lo hicieron a lo grande: ¡tercer puesto en el podio para ambos, cada uno en su distancia! Una noticia que nos llenó de alegría y orgullo a todo el equipo, porque sabemos lo que significa terminar, y más aún, hacerlo entre los mejores.

Pero hoy queremos hacer una mención especial. Porque detrás de cada logro hay historias que no siempre se ven. Rubén Losa, compañero de vida de Salomé, es uno de esos héroes silenciosos. Siempre a su lado, en cada entreno, en cada carrera, animando, apoyando, empujando cuando hace falta. Un ejemplo de lo que significa ser equipo, dentro y fuera de la montaña.

Gracias, Angelo y Salomé, por enseñarnos que los límites están para romperse, que el dolor es pasajero pero la gloria es para siempre, y que juntos somos invencibles. Sois pura inspiración y un orgullo para todos los que compartimos esta pasión.

Y si tú que estás leyendo esto sientes el gusanillo de la aventura, las ganas de superarte y de formar parte de una familia que nunca deja a nadie atrás… ¡este es tu sitio! No importa tu nivel, solo tus ganas de disfrutar, aprender y compartir kilómetros y sonrisas. Anímate a unirte a nuestro club y descubre hasta dónde puedes llegar cuando tienes a un equipo empujando contigo. ¡La montaña te espera y nosotros también! 🏔️🔥💪

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Un texto de María Moreno y Virginia Romero.

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